Make your own free website on Tripod.com

 

Cartas De Una Asambleísta Yanqui
 
 
Ellos, los yanquis...
11 Septiembre, 2002
 
Lisa Garrigues
El otro día, un señor que participa en la asamblea vecinal de Colegiales, sentado a mi lado en la pizzería donde todos estabamos reunidos después de la asamblea, hablaba del papel de los EEUU en Latinoamérica. Con razón, este señor tenía mucha bronca.
"Yo no estaba triste cuando ocurrieron los atentados", dijo. "Yo brindé".
No es la primera vez que yo, una "yanqui" viviendo en Argentina, he oído este sentimiento. Desde las palabras de Hebe de Bonafini después de los atentados hasta la carta que otro señor del barrio me entregó
personalmente, llena de una rabia amenazante y de frases apocalípticas de la Biblia.
Si hablamos de los símbolos que representaban los blancos del 11 de septiembre: el Pentagono, la Casa Blanca, y las Torres que para muchos simbolizan los negocios de Wall Street y de empresas multinacionales, puedo entender este sentimiento: alguien del tercer mundo logró hacer vulnerable al país mas poderoso, que había sembrado el terror en muchos lugares del mundo sin tomar mucha responsabilidad.
Hasta que hoy, un año después, viendo los imágenes repetidas de la caida de las torres, de la gente corriendo angustiada en las calles, me encuentro un poco harta de verlas, no solo porque me abre una cicatriz que prefiero dejar cerrada, sino también porque me pregunto donde están los imágenes de las muertes en otros lugares del mundo.
Porque no estamos hablando solamente de símbolos. Estamos hablando de la perdida de 3.000 vidas humanas: trabajadores, madres, padres, hijos.
Y en ninguna parte del mundo -ni en los EEUU, ni en Latinoamerica, ni en Afganistan, ni en Irak- voy a brindar por la perdida de vidas humanas.
"Mirá" le dije al señor de la asamblea, "el gobierno de Argentina ha hecho cosas horribles. ¿Pero por eso yo voy a brindar si alguien ataca tu casa con un avión y mata a tu mujer y tus hijos?"
"Nada que ver," dijo el señor. "Todos los yanquis son hijos de puta."
El odio es bien contagioso. Yo también me empecé a enfadar, pero intenté de guardar una voz tranquila.
"Tu me puedes mirar a la cara y decir que soy una hija de puta?" le dije.
"No," me dijo el señor, con cariño. "No sos uno de ellos."
Es mucho mas fácil odiar a "ellos" que a alguien sentado a tu lado en una pizzería.
"Yo los conozco a ellos, los yanquis" siguó el señor. "Porque fui varias veces a ese país. Son racistas, te tratan mal, sobre todo a los inmigrantes, sobre todo si no hablás su idioma."
"Hay verdad en eso" dije, pensando en el tratamiento que muchos de mis amigos y estudiantes inmigrantes han recibido de ciertas personas en mi país. Pero también pensé en las muchas veces que he oído a los Argentinos hablar mal de los peruanos, de los bolivianos, de los pueblos originarios, de los judíos.
Intenté otra vez. "Mirá" dije, "hay de todo en mi país. Hay racistas e hijos de puta y también hay gente buena y gente durmiendo en la calle y niños que no tienen para comer. A mi me parece mas valido crear una puente con la gente dentro de los EEUU que también son víctimas del neoliberalismo. Hay una brecha creciente entre los ricos y pobres..."
"Si, pero no es la brecha que existe acá" dijo otro miembro de la asamblea, derrumbando el pequeño puente que intentaba construir dentro de la conversación.
Por fin, me callé, dejando al señor ventilarse de su angustia con su discurso sobre "los yanquis" sabiendo que probablemente este discurso venia tanto del hambre que sufre el país, de las visitas del FMI, de
la presencia de los marines en Misiones, del ALCA, y de Monsanto y de los medios que muestran el sufrimiento de algunos y no de otros.
Hasta que me dí cuenta de que cuando todos salimos de la pizzeria y estabamos hablando de otras cosas, -de la bicicleteada que ibamos a hacer el domingo, de cómo apoyar a los vecinos que querían vender comida en la calle, de si ibamos o no ibamos a recuperar un edificio- se me había ido la bronca que surgió momentaneamente frente al odio palbable de este señor. Reemplazada, si, por una cierta tristeza. Tristeza por ese país -que a pesar de todo amo y llevo como una piel y nunca voy a poder dejar atrás- que ha sembrado tanto odio en el mundo. Tristeza que un año después de reconocer que son tan vulnerables como cualquier otro pueblo del mundo, muchos de mis compatriotas no han hecho la autocritica del papel de su país en el mundo y han caído en esta ilusión de la guerra del bien contra el mal.
Y tristeza también porque "la resistencia" a cualquier orden que se impone en el mundo, frecuentemente contiene las mismas fallas del orden contra el cual se pretende luchar: aceptación y hasta celebración
de los "daños colaterales", de la perdida de vidas humanas en la búsqueda de victorias simbólicas, la batalla entre el bien y el mal donde "nosotros" siempre tenemos todo el bien y "ellos" siempre tienen
todo el mal, el odio al "otro" por la culpabilidad de haber nacido dentro de una piel o una nación distinta.
Yo, todavía, sueño con otra resistencia, una compuesta no de la creación del odio y si de puentes entre los seres humanos. La mejor resistencia a la inhumanidad es la humanidad.
Y por esa humanidad,-a pesar de nuestro odio, nuestro miedo, nuestros prejuicios y nuestra autodestrucción- por esa, si, siempre voy a brindar.
 
Publicado en la revista Campo Grupal, Octubre http://www.campogrupal.com
Y Inventiva Social :   http://www.eListas.net/lista/inventivasocial

 
Cartas a Los Estados Unidos
Enero, 2002
(Publicado en Inglés en La Revista Fellowship Magazine, Spring 2002)

Queridos amigos: realmente debo pedir disculpas por no mantenerlos más actualizados sobre la situación en Argentina. Todo sucede tan rápidamente que es difícil recobrar el aliento y sentarse a escribir. 
Uds. ya han visto las malas noticias: los asaltos a los supermercados, los disturbios y gente muerta por la policía en Plaza de Mayo, la economía que pareciera deslizarse por un abismo sin fin, las largas colas en los bancos. Pero, lo que yo quisiera informar es lo que yo no he visto en ninguno de los medios en general pero sí lo he presenciado y es el "despertar" de la gente. Esa gente que cuando recién llegué me pareció deprimida, agotada y políticamente paralizada. Yendo en subte miraba esas caras que reflejaban desolación, escuchaba infinitas quejas de corrupción gubernamental, corte de salarios, aumento de la pobreza y me preguntaba... ¿por qué? ¿Por qué no hacen nada si son tan desdichados? 
Algunas personas me dijeron "a nosotros los Argentinos nos gusta quejarnos, protestar", otras me decían "Somos melancólicos, pacifistas" mientras que otras "somos una nación de individualistas... nunca nos pondremos de acuerdo lo suficiente como para unirnos políticamente" Algunos, entonces, me mencionaron el himno nacional Argentino no oficial, el tango "Cambalache", cuya letra pesimista dice algo así como " la vida fue y será un porquería en el
510 y en el 2000 también, lleno de chorros, ladrones y estafados..." 
Otros me contaron sobre acontecimientos más recientes. En los años 70 y 80 casi 30.000 Argentinos fueron torturados y "desaparecieron" por haberse atrevido a hablar contra el gobierno militar de esa época. Entre ellos había amigos, familiares y vecinos de la gente con quienes hablé. Las torturas fueron concebidas de tal forma que competían con los nazi en perversidad. Cuerpos fueron arrojados desde aviones al Río de la Plata. 
"Una cosa es que un amigo, amante o vecino muera y tu sepas porqué y cuando murió", me decía un amigo recientemente sentados en una confitería al aire libre. "pero otra cosa es cuando la gente desaparece..." Mi amigo tenía la vista fija en él
infinito mientras me decía esto, y sus palabras parecían unirse a las miles de almas de los "desaparecidos" las cuales, yo sentía, todavía perduran en las calles de Buenos Aires y en los ojos temerosos y agotados de la gente en los subtes. 
Cualquiera que haya sido la razón de ese temor y parálisis política, llegó a su fin la
noche del 19 de diciembre cuando 100,000 personas espontáneamente salieron a las calles con sus cacerolas y derrocaron a un presidente. Desde entonces, el sonido de las cacerolas resuena continuamente en toda la ciudad formando el nuevo ritmo en el cual la ciudad de Buenos Aires parece vivir. Como dijera un comentarista radial después que el presidente De la Rúa escapara en su helicóptero "cuidado políticos, hay muchos más helicópteros para todos Uds." 
"Por años hemos tenido miedo de hablar, de hacer ruido" dijo un estudiante recientemente. "Para mí el cacerolazo es eso ... el ser escuchados" 
Pero ahora, un mes después, no son más las cacerolas. Son las palabras, el lenguaje, la expresión, las propuestas y las acciones. Asambleas vecinales se han formado en cada barrio. Los vecinos se reúnen en las esquinas, en las plazas, en los parques y a veces en el medio de la calle. Los grupos van de 20 a 400 personas. Mi propio grupo tiene 80 participantes. Y esto se siente un poco como me imagino debió ser durante la revolución americana o francesa cuando la gente decidió que ellos no eran dignamente representados ... excitante, confuso, por momentos caótico y anárquico pero lleno de entusiasmo. 
Hace unos domingos participé en la segunda asamblea interbarrial. Unas 3000 personas se juntaron en un parque ubicado muy céntricamente. Mi grupo llegó en camión con su pancarta y la bandera Argentina ondeando. Hablaron 30 personas y luego 3000 trataron de aprobar "resoluciones" que crearían un contexto para el movimiento popular. Se alzaron manos, la gente se puso de pie, gritaban fuera de lugar, espontáneamente coreaban cánticos, cantaban ...el mediador sosteniendo firmemente un fajo de papeles arrugados trataba valientemente de mantener orden, los camarógrafos japoneses miraban confundidos. Muchas de las "resoluciones" que fueron aprobadas parecían más bien los slogans que reflejaban la frustración de la gente con respecto a lo ya conocido "¡Afuera con todos los políticos!". "¡Afuera la corte suprema corrupta!" "¡Nacionalización de los bancos!". 
Pero es un comienzo. Y de alguna forma incipiente estas asambleas tienen todo el entusiasmo y el empuje de verdadera democracia con gente real y verdadera. 
Vivir acá en estos momentos es irreal, frustrante, deprimente, doloroso, angustiante,
excitante y alentador a la vez.
Políticos corruptos escapándose de una muchedumbre enojada en camiones de salchichas. Colas de gente, a veces de hasta dos cuadras esperando tener la suerte de poder retirar de sus propias cuentas bancarias los permitidos $250 semanales,
o conseguir algunos de esos dólares fluctuantes. Sueldos que nunca llegan, dinero que desaparece por semanas dentro del sistema bancario, un dólar que fluctúa diariamente. Bancos que han cambiado sus ventanas y puertas de vidrio
por estructuras blindadas que ahora parecen fortalezas de hierro. Familias sin empleo, sin comida. Cientos de personas en la provincia norteña de Jujuy manifestando su hambre y pobreza trepados en cruces y permaneciendo en posición de crucifixión por horas bajo un calor abrasador. Largas filas delante de las embajadas de España e Italia tratando de salir del país. Familias enteras de clase media con hijos pequeños y hasta sus perros en las calles de Buenos Aires a las 2 de la mañana golpeando cacerolas usando remeras hechas con la bandera Argentina, banderas Argentinas por todas partes... banderas envolviendo el torso de ancianos que no han podido cobrar su pensión desde hace meses y ahora no pueden retirar su dinero del banco, jóvenes motoqueros con banderas flameando al viento y banderas ondeando de las estatuas de Plaza de Mayo. Un anciano de 70 años entró en un banco con una granada dejándola caer sobre el mostrador exigiendo sus ahorros y consiguiéndolos. Familias completas que no pueden retirar sus ahorros de los bancos para ir de vacaciones deciden tomarlas en el hall del banco desplegando sus reposeras y sombrillas. Asambleas vecinales donde se habla de corrupción, de una "política sin políticos" creando comisiones, propuestas, actos de desobediencia civil, reinventándose, y hasta usando un lenguaje activista: hasta el tan usado "compañero" fue recientemente cuestionado por sonar demasiado de izquierda prefiriendo la mayoría el sonido más suave de "vecino" aunque un hombre rápidamente señaló que "compañero" proviene de "gente que comparte el pan" 
Gente que rompe el silencio, vence el miedo, habla con otros, se conocen
Como nunca lo hicieron antes. Gente sin dinero formando "clubes de trueque"
Que les permiten vivir, comer, y crear una comunidad. Gente buscando algo
Nuevo, sin nombre, en medio de una economía que se derrumba y un reinado de políticos a quienes algunos llaman "los muertos vivos" y otros quienes directamente se refieren a ellos como "delincuentes, chorros, ladrones" 
Una señora de mediana edad dijo en una de estas reuniones hace unas semanas "Temor es lo que nos hizo permanecer en las casas, lo que nos mantuvo en silencio, temor a salir a la calle. Ahora es el momento de hacer algo con el temor y convertirlo en algo nuevo y poderoso". 
Otro hombre aún más directo dijo: "he perdido mi trabajo. He perdido mi dinero y mi dignidad. Aún no he perdido la vida, pero si tengo que perderla por defender lo que yo creo, lo haré" 
Me resulta interesante que mientras mi propio país parece estar retrayéndose cada vez más en un estado de temor a tal punto de considerar la tortura una opción viable para aquellos sospechosos de terrorismo, yo me encuentro viviendo en un país que esta finalmente saliendo de un encarcelamiento psicológico causado por el temor, la tortura y la "desaparición " de sus ciudadanos, una desaparición que fue no solamente física sino también psicológica 
"Nunca más" dijo una mujer ahí donde alquilo horas de computadora. Ella era joven, quizá veinte o veintidós años, y sus ojos transparentes. 
Me siento afortunada de haber estado aquí durante este tiempo, de haber hablado con ella y con todos mis otros amigos Argentinos y haber podido observar, escuchar y presenciar. 
Amigos, les deseo lo mejor y espero que podamos todos aprender a sobrevivir de las cicatrices del temor.   


Fevrero, 2002
Queridos amigos:
Escribo esto en un locutorio público rodeada de muchachitos que juegan videos juegos y gritándose unos a otros cosas sobre "matar terroristas". Por alguna razón, esto me hace pensar en mi propio presidente Bush quien parece encontrar terroristas por todas partes con el mismo fervor que este chico que grita al lado mío.
Curioso ¿no? Pareciera que cuantos más se matan, más aparecen por todas partes. Ayer leí que el FBI considera que nuestra propia organización Earth Liberation Front (Frente de Liberación de la Tierra), que tiene un historial por dañar los equipos y maquinarias de las corporaciones que quieren talar los árboles, es uno de los "grupos terroristas más peligrosos del el país". Ahora me imagino que ya ni siquiera hay que tener acento extranjero para ser terrorista. 
Aquí todos leímos que la CIA nombró a la Argentina junto a Colombia como
lugar conflictivo en América Latina. Los EE.UU. también
proyecta instalar una planta nuclear en la Patagonia, en el sur de Argentina.
Esto ayudaría a calmar las cosas. ¡Ya lo creo que sí! 
Mientras tanto continuo observando, escuchando y participando en los cambios que aquí ocurren. Los cacerolazos que inicialmente comenzaron espontáneamente se volvieron acontecimientos regulares de los viernes en la noche cuando miles de personas se juntan en sus barrios con niños y perros y luego marchan juntos a Plaza de Mayo cantando, coreando, bailando, golpeando cacerolas. Durante la semana hay protestas continuas delante de los bancos y las industrias y delante de las casas de funcionarios corruptos y las rutas son cortadas por trabajadores desempleados llamados piqueteros. Aunque la gente sigue nerviosa en cuanto a marchar hacia la plaza por los incidentes violentos y las muertes ocurridas allí, cabe destacar que los últimos cacerolazos ocurrieron sin incidentes. De hecho, en uno de ellos un joven que tiró una botella a la policía fue perseguido y rodeado por una multitud enojada pero no violenta que lo frenó de seguir provocando violencia. 
Ver como van evolucionando las asambleas barriales es una observación fascinante de lo que es la democracia directa funcionando.
Mi propio grupo, Colegiales, (web site: colegiales.tripod.com.ar) comenzó hace unas seis semanas cuando un muchacho llamado Fede pintó con spray "Hoy a las
22 horas Asamblea en la vereda." Aparecieron seis personas. Ahora tenemos un promedio de 250 saliendo a las calles juntándose en el cruce. Comisiones y subgrupos y talleres han evolucionado a partir de esa primera reunión y los vecinos se reúnen no sólo para resolver situaciones inmediatas como las de conseguir comida y medicina para aquellos que lo necesitan pero también para discutir en términos generales el rumbo de las asambleas, la relación con el gobierno existente. Por el momento, el consenso de la mayoría en cuanto a este último punto
parece ser "que venga a nosotros si quieren, hijos de puta". Para muchos la idea de las asambleas es la de construir poder de abajo hacia arriba y algunos se comparan con movimientos ya existentes como el Zapatistas que no tiene intención alguna de "tomar" el estado. Es un movimiento joven con aún muchas preguntas por hacer.
.
En las reuniones de asamblea y comisiones la gente tiene una tremenda necesidad de hablar y todos hablan y gritan al mismo tiempo lo cual significa que las reuniones se pueden extender por horas sin que nada en absoluto se "consiga". En una de esas reuniones recientes se sugirió el uso de una "batuta" para calmar los ánimos y prestarse mutuamente atención. Dado
que estábamos reunidos en un café se usó una cucharita de café. Parecía funcionar; la atmósfera cambió drásticamente y comenzaron a escucharse unos a otros aunque hubo momentos en todos hablaban al mismo tiempo y en cierto momento la cucharita voló por los aires. 
Mi asamblea que pertenece a un barrio pequeño rodeado por varios otros más grandes
está compuesta por gente de todas las edades y clases sociales como el Peronista de 74 años que se identifica "definitivamente clase trabajadora" y recuerda los discursos de Evita en Plaza de Mayo ("ella fue la verdadera luchadora por la libertad y no Perón") a la mujer de cuarenta que insiste que las asambleas son en gran parte un movimiento "clase media" y se diferencian de la clase obrera ­ piqueteros y de sus tácticas; y la joven de 21 años que cada jueves se despierta pensando " Hoy hay otra asamblea barrial. Me pregunto que pasará esta noche" 
El temor sigue siendo un gran tema de conversación. Hace poco mi amigo Aníbal que perdió a su hermano durante la dictadura me dijo que la generación mayor está temerosa porque recuerda las muertes y torturas del proceso y la generación joven está temerosa porque nació en esa atmósfera de temor. Los rumores y la inseguridad en general en cuanto a la situación imperante no ayuda mucho a aliviar el temor. Hace poco alguien mandó por E-mail a algunos miembros de la asamblea la foto de un cadáver con la siguiente inscripción "Arriba los militares". Y otro integrante recibió un email sobre mercenarios ingleses que vienen a fomentar la guerra civil. Es difícil saber en que creer en un país donde tu propio banco te ha quitado todo tu dinero, si has tenido la suerte de tenerlo alguna vez. Una mujer me contó que los bancos solían tener carteles en los que decía "Su dinero está seguro con nosotros" pero que ahora los habían quitado. 
Mientras tanto el precio de los alimentos y otros artículos han disparado de la noche a la mañana
por la devaluación y en algunos casos al doble mientras que siguen los recortes de sueldos y a menudo son pagados con un atraso de uno a dos meses Profesionales desempleados que conozco deben dejar sus departamentos porque no pueden pagar su alquiler y deben mudarse con amigos . Otros se han quedado literalmente sin comida y deben depender de amigos o familiares para poder comer. La larga cola de gente delante de la tienda que vende objetos de segunda mano a la vuelta de la esquina donde vivo se hace cada vez más larga ya que la gente vende sus aspiradoras, microondas, cacerolas, cámaras fotográficas de más de 20 años, instrumentos musicales, cualquiera cosa que pueda darles algo de efectivo.  
Y esto pasa en Buenos Aires donde generalmente a la gente le va un poco mejor que en las provincias. Aunque un hombre de Salta me dijo que volvía a su provincia porque "acá se hace muy duro". Al menos en Salta si tenés hambre conseguís un arma y matás un animal" me imagino que se refería a un animal salvaje pero he oído historias de gente que mata gatos y perros para comer. 
A los políticos los siguen insultando y escupiéndo. De acuerdo con un artículo en un diario local, La Nación, el embajador argentino Carlos Ruckauf fue reconocido por un pasajero al abordar un avión y le gritó alguno improperio. Como diplomático Ruckauf le respondió diplomáticamente elevando su dedo medio y mostrándoselo al resto de los pasajeros les gruño "payasos, si no quieren volar con Ruckauf tomen otro vuelo" Este es el embajador, señores. 
Otro blanco de ira y protesta es la Corte Suprema cuyos miembros no sólo tienen un largo historial de amiguismo y corrupción sino están exceptuados por ley de pagar impuestos.
Y a los bancos, muchos de ellos internacionales, no sólo furiosos vecinos le pintan su fachada con spray sino también son investigados por diputados como Elisa Carrió por
"llevarse todo el dinero" y dejar a los pequeños ahorristas que hagan cola horas de horas para luego cuando llegan al mostrador decirles que "no quedan más dólares". En un artículo reciente en Página 12 se nombró al Citibank como uno de los muchos bancos que transfirió desde sus sucursales grandes sumas de dólares a lugares como las Islas Caimán, Nueva York y Chile vaciándo los depósitos en dólares de sus pequeños ahorristas quienes ahora si llegan a recibir algo lo recibirán en pesos devaluados. 
El FMI (Fondo de Miseria Internacional) y las corporaciones multinacionales también están siendo atacadas por el pueblo. Muchos argentinos sienten que en los últimos 20 años el país fue
básicamente "vendido" a corporaciones internacionales y que éstas no han hecho nada para ayudar a la economía argentina. La opinión en un artículo de fondo del Buenos Aires Herald sugería bondadosamente que la solución para la deuda Argentina era simplemente convertir el país en una corporación dirigida por "consejeros independientes" y convertir la deuda en capital, respaldado por sus tierras y "un potencial desarrollo". Estoy segura que esto no ayudó en nada alivianar los temores de los argentinos de que su país es un excelente ejemplo de una globalización que causó destrozos, un país que está siendo comido vivo por intereses foráneos. 
Esta es probablemente la razón porque se ven en estos días tantas banderas argentinas y porque tanta gente grita en las calles "Argentina, Argentina". Puede ser un último esfuerzo por salvar lo que queda. Un país que ya ha sufrido años de desapariciones, debe sentir en tiempos como estos que el país entero está desapareciendo por debajo de los pies de la misma Argentina...
Sus servicios públicos fueron vendidos a corporaciones, el dinero desaparece de los mismos bancos, los niños crecen y se van a países con mejores perspectivas, desaparecen los remedios y equipos médicos rutinarios de los hospitales, desaparecen los trabajos, desaparece la comida de las mesas familiares. 
Solo queda la gente. Aun las personas que habían pensando en emigrar a otros países no pueden irse porque " su dinero ya no está más". Inmigrantes que históricamente han mirado hacia otros países como España, Italia, Inglaterra, EE.UU en busca de su identidad son forzados a quedarse y hacerlo funcionar. Así es que en los barrios ellos continúan hablando, organizando, escuchando. El negocio del trueque sigue creciendo, la gente se junta para comprar comida en conjunto y así ahorrar y a pesar de la terrible situación la gente ha comenzado a organizar festivales en las calles porque según dicen "no dejaremos que nos quiten también la alegría".  
Y yo? Debo admitir que vivir todo esto con esta gente y teniendo como todos ellos mis pocos dólares en el corralito me hace sentir un poco argentina. El otro día en el cacerolazo en Plaza de Mayo le compré a una anciana una escarapela y me la prendí. Al principio me sentí un poco ridícula pero luego vi a un joven argentino con una remera que tenía impresa la bandera americana y pensé en todos los emblemas de mi cultura que yo había visto en el cuerpo de la gente desde que estoy en América latina... no solamente la bandera, pero logos de Nike, Coca Cola y Visa Hasta ahora la cultura y sus emblemas llegaron de los países ricos a los pobres o para decirlo directamente de EE.UU a casi todas partes. Quizá sea el momento de hacer
cambios. Quizá sea el momento para aquellos de nosotros en los "países ricos" aprender de los países donde el capitalismo y el neoliberalismo han claramente fracasado, porque quien sabe quien es el próximo. 
El otro día me encontré en Cabildo y Lacroze con mi amigo Alejandro que iba en bicicleta.
Paró al verme y nos quedamos hablando por un rato parados en la esquina sobre anarquismo y budismo Ambos coincidimos que la forma que estaban tomado las asambleas se asemejaban a la filosofía anarquista la cual evita un estado nacional en favor del poder de la comunidad que se forma y reforma de acuerdo a los dictados de la comunidad. ¿Y el budismo? Bueno, honestamente no recuerdo lo que dijimos, probablemente algo incomprensible. Si recuerdo que Alejandro, con su rostro serio y anteojos, dijo algo de una cierta flor que solo crece en el barro y en lugares donde hay desperdicios que luego se pudren o corrompen y que esta flor era muy fuerte y muy hermosa.  
(traducción de las Cartas a Los Estados Unidos: Lucy Lomatchz
 
Cartas A Los Vecinos de Colegiales:
(Publicado en La Cacerola de Zapiola)
Fevrero, 2002
 
Hola Vecinos,
Soy una norteamaericana viviendo en Colegiales estos últimos cinco meses. ¿Por qué (diablos) has venido acá? es la pregunta que siempre oigo cuando hablo con los argentinos.
Yo les puedo contar.
Hay ciertas cosas que ustedes tienen acá que yo nunca podría vivir en mi pais: las anchas calles con sus árboles grandes, las conversaciones con amigos que he tenido en las noches cálidas en Plaza Serrano, el café cortado en la esquina de Lacroze y Ciudad de La Paz, con el agua, el jugo de naranja y la gentileza del mozo que me ofrece el diario (razgos civilizados y humanos que desafortunademente van desaparaciendo de mi país).
Pero estos son nada más que detalles bonitos.
Lo más importante que he vivido acá con ustedes fue el "corralito." El famoso y espantoso corralito que les han robado su dinero. Porque al vernos accorralados nos ponemos a preguntar ¿por quién estamos acoralados? ¿por nosotros mismos? ¿por "ellos"? y quiénes son "ellos"? y ¿qué podemos hacer?
Asi también yo salí a la calle.
A romper silencio con gritos y cacerolazos. A romper el miedo con palabras y reunioines A escapar de la soledad y del "individualismo". Rumbo a la amistad y la fuerza de vecinos.
Y empezamos asi, juntos, a salir de todos los "corralitos."
Por eso vine a Argentina.
Gracias por la oportunidad de vivir estos momentos con ustedes.
 
Julio, 2002
Una Yanqui en Colegiales: Seis Meses Después
 
(Julio, 2002, después de los asesinatos de los piqueteros Kosteki y Santillan.
Hola Vecinos:
Un poco más sobre el tema del miedo que algunos han
introducido en la asamblea de ayer:
Yo normalmente no soy una persona miedosa, pero me
levanté esta mañana a las tres con un ataque de
pánico.
Hay que hablar de esto.
¿Que miedo es esto, me pregunté? ¿El miedo mío? Un
miedo de estar lejos de mi país y familia y saber que
dentro de una manifestación no le va a importar un
pito a alguna cana con una Itaka a mi espalda si soy
norteamericana o Argentina, periodista o turista,
piquetero o asambleísta? ¿El miedo de no saber si en
cualquier momento mi familia y amigos tan lejanos
pueden morir en un nuevo ataque terrorista? O es el
miedo de ustedes, que han vivido épocas que yo nunca
he vivido pero que yo siento presente, siempre
presente y pesado en el aire que todos respiramos?
Bueno, supongo que fue nuestro miedo, el miedo de
todos. El miedo en este momento es esto: el aire que
respiramos. No hay mascaras ni limón ni pañuelos que
nos protejan de este miedo. Es un miedo viejo y
corrupto, podrido y paralizante, un miedo de memoria y
fantasmas.
Me levanté esta mañana y por un instante estaba Darío
Santillán, corriendo de la cana. Por un instante
estaban muchos, muchos mas.
Hay que hablar de esto.
Me dí cuenta del miedo de la asamblea cuando nos
reunimos Jueves para la marcha: las caras un poco mas
angustiadas, las voces un poco mas serias, las
preparaciones mucho mas cuidadosas.
Pero también me dí cuenta que después de caminar
juntos algunos cuadras, cantando, hablando, golpeando
las cacerolas, que me habían ido el miedo. Y al final
de la noche, con 15,000 otros en la Plaza que quizás
también habían tenido miedo, se me fue el miedo y fue
remplazado por una sensación de seguridad. La
seguridad, me dí cuenta, no es en la ausencia de
miedo, pero en el compartir del miedo.
Ellos--y todos sabemos quienes son "ellos" aunque
también todos tenemos un poco de "ellos" en
nosotros--quieren imponer el miedo como la seguridad,
como si estos dos cosas tienen que ir juntos. Una
seguridad falsa que resulta no en la union pero en la
division, la "seguridad" de quedarse adentro en todo
el sentido de esta frase, quedarse ensimismada,
quedarse en no te metas, quedarse en por algo será.
Recién he visto la eficacia de la táctica del miedo
como seguridad en mi propio país, cuando el gobierno
se pusó de hablar de "una nueva amenaza terrorista"
en el momento que mucha gente estaba preguntando sobre
cuanto sabía el gobierno de los eventos de 11
Septiembre. Una versión yanqui de no te metas.
Y lo veo otra vez acá con la atención de los medios
sobre los "delincuentes" y "los violentos piqueteros",
en los discursos de "mano dura" del gobierno.
Que suerte que tengo de observar y conocer en los más
profundos rincones de mi cuerpo, el miedo de dos
países a la vez. Quizás por eso me levanté esta
mañana con un ataque de pánico.
He notado que desde la semana pasada el lenguaje que
estamos usando está cambiando. Parecen mas las
palabras "lucha", "guerra", "violencia",
"non-violencia" "guerrero". Y parece gente como Clara
que no quieren volver a estos tipos de palabras, que
quieren inventar un lenguaje nuevo.
Me parece bien, como vecinos o como compañeros, que
seguimos cuestionando el uso del lenguaje, que
seguimos examinando o reexaminando los valores de las
viejas palabras mientras que también inventamos un
lenguaje nuevo.
No me parece completamente mal, el miedo. Porque el
miedo nos une, y quizá nos une con personas con las
cuales sería mas difícil si no tuvimos un poco de
miedo. Quizá sería posible de superar el
individualismo o el partidiarismo en el reconocimiento
que todos tenemos miedo y en la búsqueda de alianzas
que nos protegerían contra los que quieren usar el
miedo como herramienta de poder.
Frente a este miedo unificador muchas de las peleas y
discusiones que tenemos me parecen ridículos, síntomas
de lo que pasa cuando el miedo nos dividimos en lugar
de unirnos. Pero también veo que estas peleas
interminables han sido necesarias por sacar de
nosotros un poco de la angustia, del miedo, y de los
deseos de crear algo nuevo.
Lo raro de lo que pasó cuando me levanté esta mañana
con tanto miedo es que casi simultáneamente, o justo
antes, o justo después--no me acuerdo--me sentí una
sensación de certidumbre casi feroz. La certidumbre
que estoy en el propio país, con la propia gente,
haciendo la propia cosa. La certitud de que todo que
estamos haciendo como vecinos y como asambleístas vale
para algo.
Los Chinos y los Incas y mucha gente mas sabia que yo
han dicho que cada cosa contiene su contrario, su
opuesto. En este sentido, con tanto miedo en la
asamblea es obvio que tenemos muchissimo coraje.
Coraje, una de estas palabras antiguas, que viene del
"corazón."
--Lisa

Julio, 2002
Vecinos:
Hace algunos meses yo escribí una pequeña nota sobre
porque habia venido a Buenos Aires.
Hoy escribo otra sobra porque estoy todavia aca, y
porque me voy casi todos los Jueves a la esquina de
Zapiola y la Croze. Aguantando, con ustedes, todo lo
que es la Argentina de estos dias: la inseguridad de
los sueldos atrasados y del desempleo, los precios
elevados, la falta de dinero,los exigencias del FMI y
la sombra monstruosa del presidente de mi proprio
pais, la corrupcion, la hambre, el miedo. Aguantando
la lentitud de un proceso que exige no
solo un cambio de las estructuras externas pero
tambien un cambio de actitud y valores. Y celebrando,
con ustedes, este mismo proceso. Un proceso compuesto
no solo de los cacerolazos y los escraches, pero
tambien de los momentos cotidianos: todos los manos
juntos sacando la tierra para la huerta comunitaria,
la cara entusiasmada de Liliana cantando en el
microfono abierto, los discursos apasionados de
Foucault de Clara, las alegrias, las esperanzas, las
sorpresas, los aburrimientos, y las peleas, tambien
las peleas.
Hay una cierta broma cosmica en el hecho de que yo,
estranjera, tuve que viajar miles y miles de
kilometros, para descubrir, al otro lado del mundo,
que tengo vecinos. Cosa que en mi proprio pais a
veces no me daba cuenta.
Pero tambien me he dado cuenta que el tejido
revolucionario y cotidiano que estamos construyendo en
la esquina de Zapiola y la Croze no pertenece solo a
Zapiola y la Croze. Desde de que hemos empezado este
proceso y he empezado de enviar noticias del proceso
al estranjero, hemos recibido palabras de solidaridad
de muchas paises--Estados Unidos, Brazil, Sudafrica,
Suecia, India--apoyo de los vecinos de todos partes
del mundo.
Por eso estoy, todavia, aca.
Lisa Garrigues

 Home page